(La Tercera-Pulso) No es que los acuerdos que se tomen en la COP25 no sean importantes. Pero no es el tema que le quita el sueño a Gonzalo Muñoz, el High Level Champion de la cumbre climática que se realiza en menos de tres meses en Santiago.

Su foco está puesto en hacer conciencia fuera del ámbito gubernamental, principalmente en el sector productivo, los municipios y en la ciudadanía. Conciencia sobre la crisis hídrica, sobre el cambio climático, sobre la emisión de los Gases Efecto Invernadero (GEI), pero sobre todo, en cómo hacemos los cambios necesarios como sociedad. Algo que claramente con la sequía que está viviendo Chile, tiene un sabor más intenso, más amargo.

¿Qué ha cambiado en Chile desde que se anunció que seríamos sede de la COP25?

—A pesar de que era conocida, las personas se han conectado mucho más con la crisis que estamos viviendo. De hecho, hasta el año pasado hablábamos de cambio climático y ahora se pasó al concepto de crisis climática. No sólo por la COP, sino porque estamos teniendo evidencias contundentes de cómo se empiezan a poner en riesgo ciertas actividades. Sobre todo la agricultura, que es una de las que más está sufriendo.

También estamos teniendo problemas en las ciudades, lo que también genera una necesaria tensión. Pero paralelamente, surge la evidencia de que no todo es vulnerabilidad, sino que también hay varias virtudes.

¿Cuáles?

—Una zona norte con una radiación solar extraordinaria y un gran potencial de energía eólica. El potencial de nuestros ríos, en términos de centrales de pasada, la geotermia y una cantidad fabulosa de hectáreas de bosques y de espacio marítimo que permite secuestrar carbono. Entonces, se posiciona la urgencia, pero a la vez la oportunidad. Sin embargo, eso no todos los están entendiendo.

¿Cómo así?

—Es normal que exista un grado de temor y preocupación. Finalmente, es clave tomar la oportunidad y no quedarnos paralizados en la complejidad del desafío. Hemos avanzado hacia una lógica de progreso hasta este momento de la humanidad, pero estamos viendo con evidencias que se nos pasaron por alto ciertas externalidades. Tenemos que poner a disposición nuestra energía, talento e innovación y capacidad de organizarnos en soluciones basadas en la naturaleza.

En ese ámbito ha salido mucho a la palestra el término “adaptación”. ¿Hasta cuándo es recomendable adaptarse?

—El lenguaje de adaptación no puede ser derrotista. Si nosotros solo nos adaptamos, la temperatura del planeta aumentará más de 3,5 grados de lo que estaba en la era post industrial, lo que es un escenario de terror. No sólo debemos adaptarnos, sino también mitigar.

Es más, todo lo que mitiguemos hace que la adaptación sea más barata. Pero a la vez, es importante ponerle el componente moral: aquí no podemos hacer la jugada de los músicos del Titanic. O sea, que yo sigo haciendo mi negocio y paro de tocar solo hasta que el buque ya se esté hundiendo. Lo que tiene que haber acá es una épica de todos los sectores para buscar los mecanismos para adaptarnos.

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Si tuvieras que poner una nota de cómo las empresas lo están haciendo, ¿cuál sería?

—Es imposible asignar una nota, porque hay un abanico de comportamientos. Hay empresas que llevan décadas trabajando por resolver este tema y ahora por fin, las condiciones de mercado y la sensibilidad de la ciudadanía se alinean con esta ruta. Después tenemos una fracción del empresariado, que han acompañado las directrices de multinacionales. Y hay otras que recién están empezando a entender que aquí hay una oportunidad que implica mejorar la reputación, atraer talento o un menor riesgo financiero.

Y ahí están los resistentes

—O que no quieren entenderlo. Y si el que está liderando la organización no tiene las capacidades para entender que esto llegó para quedarse, toca cambiar a ese líder.

El ejemplo chileno

¿Es importante que la ciudadanía entienda lo que es la COP25?

—No es tan importante. La clave es que la gente entienda que estamos viviendo una crisis climática y que esto tiene que cambiar nuestras costumbres. Si después eso te lleva a tener un mayor conocimiento de un evento que será en Cerrilllos, genial. La gente quiere mejorar el medioambiente, comer más saludable y no contaminar. Cuando las personas dibujan una ciudad linda, nadie pone chimeneas humeando.

Pero las personas también son cómodas…

—Por eso, después de la emocionalidad vienen los actos de compra y hábitos y, sin duda, eso ha ido migrando en el tiempo.

¿Qué debería pasar después de la COP en Chile?

—En nuestro país hay una serie de ámbitos de soluciones que ya se han ido posicionando. Hemos logrado cambiar parte de flotas de buses, una ruta de cierre de centrales contaminantes, aumentar nuestras hectáreas de conservación, etc. Hay una serie de acciones que están ocurriendo este año, de las cuales, espero que los chilenos nos sintamos orgullosos.

¿A pesar de que no movemos la aguja en términos de generación de GEI?

—¡Eso no importa! Todo lo contrario. Chile propone una ley para ser carbono neutral al 2050 como una señal extraordinaria de que se acabó el tiempo que este sea un tema que otros definan por nosotros. Tenemos que ser parte de la solución y lograr que todos los países pequeños (que si los suman hacen el 25% de las emisiones de GEI), tomen la actitud positiva de buscar ese desarrollo sustentable.

Además, todo esto podría poner a Chile en la mira de todo el mundo. Si lo vemos en el contexto regional, Chile está brillando.